¿Qué son los productos financieros tóxicos?

Una casa de juguete se tambalea sobre una torre

Ya de primeras su nombre tiene una connotación negativa. Son productos que cada vez se están conociendo más por la repercusión que tienen en los medios de comunicación al afectar al bolsillo de muchos consumidores y por las sentencias judiciales que, en su gran mayoría, se están fallando a favor de los clientes. Pero, ¿qué son?

Se puede definir como productos tóxicos financieros los ofrecidos por las entidades a sus clientes como productos con plenas garantías, pero que en la práctica conllevan una rentabilidad variable y sin estar garantizado el capital principal. Y ello porque depende de índices variables y de la evolución tanto financiera como económica.

Hace algunos años las entidades bancarias comenzaron a ofrecer ciertos instrumentos financieros a pequeños consumidores que querían obtener rentabilidad de sus ahorros. El “pero” estaba en que eran productos de alto riesgo y algunos de los clientes sufrieron importantes pérdidas de capital. En otras ocasiones el problema era la duración de los contratos para esos depósitos, que en la práctica tenían carácter perpetuo, por lo que sus titulares no podían venderlos para recuperar la inversión realizada.

Y esos titulares empezaron a reclamar ante los tribunales esas prácticas de sus bancos que ha dado lugar a sentencias en las que se reconoce que no se ofreció a los clientes información suficiente sobre el producto en sí, el incumplimiento de la normativa MiFID (Directiva sobre Mercados de Instrumentos Financieros), así como mala praxis en su comercialización.

Es por ello que desde IG Asesores instamos a recurrir a un equipo de confianza que ofrezca toda la información posible sobre cada uno de los productos financieros del mercado. Su rentabilidad, sus riesgos, sus características, si son apropiados - o no- y cuál puede ser el que mejor le convenga. Nosotros asesoramos y después, ya con todos los datos en la mano, usted decide en qué invertir.

Los tóxicos más conocidos

Nos referiremos ahora específicamente a los productos financieros que se han venido a denominar tóxicos. Entre los más conocidos se encuentran los préstamos -o hipotecas- con cláusula suelo, las participaciones preferentes, la deuda subordinada, los bonos convertibles en acciones, los bonos autocancelables, los depósitos estructurados, los SWAP, o las hipotecas multidivisas.

En los préstamos o hipotecas variables con cláusula suelo existe una cláusula contractual que establece un límite mínimo al interés que se aplicará en la cuota a pagar a la entidad, aunque el tipo de interés baje. ¿Qué sucede? Que esta cláusula beneficia a la entidad y perjudica a quien ha solicitado el préstamo cuando los tipos bajan, o el interés es negativo, porque esta bajada no se refleja en la cuota mensual.

En España, el Tribunal Supremo (en una sentencia del 9 de mayo de 2013) declaró su nulidad y carácter abusivo, pero limitaba la devolución de las cantidades cobradas por los bancos desde la fecha de la sentencia. Sin embargo, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (21 de diciembre de 2016) establecía la retroactividad total del reembolso del suelo. Ante el temor a avalancha de demandas se promulgó el Real Decreto-Ley 1/2017 (de medidas urgentes de protección de consumidores en materia de cláusulas suelo) para la resolución extrajudicial de esta cláusula.

Las participaciones preferentes han sido también uno de los productos financieros que más han traído de cabeza a pequeños inversores. Según la definición del Banco de España, son activos que presentan características de los valores de renta fija y de los de renta variable. Sus titulares tienen derecho a percibir todos los años una cantidad predeterminada, siempre que existan suficientes beneficios en la sociedad. No otorgan derecho de asistencia a juntas generales ni derecho al voto. Son perpetuas, aunque el emisor puede acordar su amortización una vez transcurridos cinco años desde su emisión. Se negocian en el mercado AIAF de renta fija. En caso de liquidación de la compañía emisora, los inversores que tienen participaciones preferentes son casi los últimos en cobrar, sólo por delante de los accionistas. ¿Cuáles son sus pegas? El capital no está garantizado, el riesgo es elevado, si quiebra la entidad bancaria el titular pierde su inversión, entre otros.

El Banco de España también se refiere a la deuda subordinada, que define como instrumento de renta fija que tiene características inferiores a las emisiones normales, principalmente porque su titular queda por detrás de todos los acreedores comunes en preferencia de cobro, en el supuesto de que surjan problemas. ¿Los inconvenientes? En caso de liquidación, el cobro de esos bonos está subordinado a que el resto de los acreedores comunes haya cobrado su deuda, además de que el inversor puede perder la totalidad de lo invertido.

Los bonos convertibles son bonos en cuyas condiciones de emisión se contempla la posibilidad de su conversión futura en acciones de la sociedad emisora o de otra sociedad, a un precio establecido. ¿Pegas? La rentabilidad es variable y depende de la evolución económica y financiera y existe riesgo de perder capital.

Estos que hemos mencionado son solamente algunos ejemplos de productos financieros que han afectado de forma negativa a la economía de quienes los suscribieron, pero hay muchos más. Así que una vez más reiteramos la necesidad de informarse bien. Información es poder y, en este caso, una salvaguarda de nuestro bolsillo.

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